Cada vez que conocemos a una persona, subconscientemente juzgamos sus rasgos de personalidad. Por mucho que nos gustaría, todavía no nos mantenemos objetivos e imparciales. La razón detrás de esto es el efecto Halo. Una vez que formamos un juicio, tendemos a ignorar todo lo demás que vemos. Si juzgamos a alguien como una buena persona por la forma en que se comportan o la forma en que se visten o hablan, ignoramos cualquier otra señal que apunte en la otra dirección. También encontramos formas de explicar por qué los signos que vemos son falsos y se mantienen firmes en nuestro juicio sobre esa persona. El efecto Halo se define como un sesgo cognitivo en el que nuestra opinión sobre una persona influye en cómo sentimos y pensamos en su carácter antes de descubrir los hechos. Por ejemplo, si nos encontramos con un hombre alto, oscuro, encantador y guapo, podemos suponer que es como un príncipe encantador y es un héroe completo y un hombre de buen corazón. Al hacerlo, podemos ignorar cualquier señal que señale que él no es quien parece ser.
Esta es la razón por la que a veces no entendemos que alguien nos está explotando o engañando. Debido al efecto halo, formamos un juicio de que no dejamos que nada más anule hasta que sea demasiado tarde. Justificamos el mal comportamiento y las malas acciones de alguien porque en nuestra cabeza son una buena persona. Esto nos pone en riesgo de dejar entrar a las personas equivocadas en nuestras vidas y tirar a las buenas porque no formaron una buena primera impresión. El efecto de halo nos hace ver la vida en blanco y negro y olvidamos que el gris también existe. Formamos un juicio y nos negamos a creer que una persona puede haber cambiado o podríamos haber formado un juicio equivocado. Te niegas a darle a la otra persona el beneficio de la duda. Terminas siendo tan rígido con tu opinión que te niegas a alterar tu opinión, incluso si te presentan evidencia que apunta a lo contrario. Esto nubla tu juicio y te hace confiar en las personas equivocadas en la vida a veces. Es importante no ser tan ingenuo y rígido.